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14/10/2022

Reportaje: Convivir como bálsamo mental

El Ideal de Granada ha realizado un reportaje sobre la viviendas supervisada para Jóvenes que ha puesto en marcha FAISEM en Granada.

Jóvenes que han sufrido sus primeros brotes piscóticos comparten techo para superar el estigma de la enfermedad mental y lograr una salida laboral gracias a Faisem.

David, Antoine y Álex son de distintos pueblos de Granada y ninguno de ellos se llama así. Han elegido esos nombres ficticios para este reportaje porque temen que si desvelan sus identidades se les puedan cerrar las puertas laborales que están tratando de abrir con la ayuda de la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental (Faisem).
Los tres tienen problemas psíquicos y son los moradores de una iniciativa novedosa en Andalucía: un piso para prevenir los brotes psicóticos que ya han empezado a sufrir.

El objetivo: que los trastornos que han afectado a sus estudios y por los que se medican a diario no les impidan reorientar sus vidas. El piso que estos jóvenes comparten y que se financia con dinero
público –se sufraga tanto el alquiler como los gastos de luz, agua y comida–, se halla cerca del Centro de Granada. Cuenta aproximadamente con 90 metros y tres dormitorios, uno de ellos doble. En la
comunidad autónoma tan solo existe una vivienda similar en Almería, asimismo habilitada para la integración de estos chavales.

«Este piso de intervención temprana se abrió en marzo con un objetivo muy claro: darles la oportunidad a personas jóvenes con primeros brotes de psicosis y con algún tipo de problema de salud
mental», explica Yolanda Ruiz, responsable provincial de Faisem en Granada. Mientras esta coordinadora detalla a IDEAL los entresijos de la iniciativa, los tres chicos, que han regresado de hacer la compra
con su monitora Marisa momentos antes, la miran atentos.

Uno de ellos acaba de prepararse un par de tostadas de pan de molde con mermelada después de fregar los vasos del desayuno. Se trata de Álex, que tiene 21 años y sufre esquizofrenia paranoide. Su
último brote fue este verano. También es disléxico. Consumía marihuana, pero hace ya tiempo que no. «Somos respetuosos», afirma Álex a la hora de describir cómo es la convivencia en un piso que
espera que sirva de trampolín a su futuro. «Estaba un poquillo estancado en mi vida laboral», admite el joven, que cuenta con experiencia como camarero y no descarta trabajar montando cocinas o en
tareas de mantenimiento. Además quiere sacarse el carné de coche.

Salir del bloqueo
«En mi casa me sentía bloqueado y aquí, no», asegura David, que es el más hablador. Tiene 28 años y da fe de que este piso, al que ha llegado gracias a un diagnóstico y tratamiento previos, «es una salida y
una oportunidad al bloqueo emocional que tenía». Hace dos años se sentía amenazado por gente y le sobrevino tal depresión que se quería suicidar. Desde que se puso en manos de Faisem ha completado
un ambicioso curso de pastelería creativa. Además es un crac en diseño gráfico. «Ahora me encuentro más aliviado, porque veo que tengo una mejor actitud y menos estrés y ansiedad –añade–. Esto me ha ayudado a darme cuenta de los miedos que puede llegar a tener una persona y lo que es la realidad».

Antoine, de 24 años, parece el más tímido. Aclara que sufre depresión, aunque tarda en verbalizar su diagnóstico. «La verdad es que la estancia aquí está siendo bastante buena», señala el joven,
que se siente «muy apoyado» y «mentalmente bastante mejorado » en este su nuevo ‘hogar’. Su autoestima ha subido como la espuma. Vive en el inmueble desde junio y acude a una escuela de
adultos. «¡Antoine canta muy bien flamenco! », comenta risueña Mónica Martínez, que es la responsable de unidad de las viviendas supervisadas de Faisem. La integración social y el alojamiento son los
ejes de su labor. «Venimos todos los días a ver a estos buenos chicos, a hacerles la supervisión y a ofrecerles todo nuestro apoyo», señala, para agregar que su equipo también se encarga de los acompañamientos a las citas médicas, si es que las requieren.

Pilar Delgado es la orientadora laboral y cada día, a las ocho de la mañana, el ‘despertador’ de los muchachos. Guiarles en la búsqueda de formación y de empleo es su cometido. «Sus primeros
brotes aparecieron en los años de formación y son personas con baja cualificación académica, por eso nuestro principal objetivo es que se puedan formar, ya sea una formación académica más grande
o complementaria de cursos de formación profesional para el empleo de entidades privadas», especifica.

La estancia de los usuarios de esta vivienda no puede ser superior a dos años, un período durante el que se interviene tanto desde Faisem y el Servicio de Orientación y Empleo como desde el Centro
Provincial de Drogodependencias y el equipo de Salud Mental de Intervención Temprana. En ese tiempo todos trabajan conjuntamente para que estos jóvenes pacientes tengan un futuro que pasa
por la integración social y laboral.

Propietarios
«La permanencia solo puede ser de dos años para que no se queden institucionalizados y el día de mañana puedan estar con su vida totalmente normalizada», agrega la responsable de Faisem, que ha
sido la principal impulsora del piso. Fue ella, de hecho, quien lo buscó y cerró el contrato de alquiler con sus propietarios: una pareja joven que está ahora fuera de Granada y que está encantada con el uso
que se está dando a su casa. «He intentado que en este proyecto esté involucrado todo el mundo». Las familias de los chavales están muy contentas y les respaldan en este importante paso para salir
por fin tanto del ‘nido’ como de sus ‘pozos’ particulares, para que puedan alcanzar metas con ayuda profesional y especializada. «Yo tenía la sensación de que era como una carga pesada, como un lastre
para ellos, y me quería ir para no molestarles más con mis problemas », se despide David.

Él, Antoine, Álex y un cuarto chico que se encontraba fuera durante la visita de este diario fueron propuestos como usuarios de este piso por la comisión de Intervención Temprana. Desde que viven
bajo el mismo techo, comparten tareas domésticas e ilusiones, se arropan, se animan e incluso se controlan unos a otros la medicación. Todos coinciden en que esta experiencia les está haciendo mucho
bien. Tras ellos vendrán otros jóvenes que podrán comprobar que, a veces, la convivencia puede ser el mejor bálsamo mental.

 

Fuente: IDEL.ES Granada. Yenalia Puertas y Alfredo Aguilar.

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