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Noticias

22/03/2016

La prensa onubense realiza un reportaje a uno de los protagonistas del documental “Me Gano la Vida”

HUELVA BUENAS NOTICIAS

Mari Paz Díaz. 18 marzo 2016

Con 24 años, cuando estudiaba Física en Sevilla, sufrió una crisis a raíz de la cual le diagnosticaron una enfermedad de salud mental. Su vida cambió desde entonces de forma radical. Ahora, Rivera Romualdo reivindica una normalización para las personas en esta situación a la hora de encontrar un empleo, al tiempo que nos habla de las investigaciones que está llevando a cabo en el campo de la ciencia, fruto de las cuales ya ha escrito varios libros.

Todos conocemos la película ‘Una mente maravillosa’ (2001) que, protagonizada por Russell Crowe, cuenta la vida de John F. Nash (1928 – 2015), un profesor de la Universidad de Princeton que ganó el Premio Nobel de Economía en el año 1994. Una historia conmovedora, basada en la novela homónima –A Beautiful Mind-, de la escritora Sylvia Nasar, que fue candidata al Premio Pulitzer en 1998. El film, si lo recuerdan, comienza en los primeros años de vida de un joven prodigio de las matemáticas que desarrolla una esquizofrenia paranoide. Una experiencia que, sin embargo, no le impidió ser un brillante científico y tener una vida llena de satisfacciones.

La película, ganadora de cuatro Premios Óscar, nos acerca a las personas con alguna enfermedad mental, eliminando muchos tabúes sobre el tema. Es cierto que cada caso es diferente, pero no cabe duda de que la cinta nos da toda una lección de vida, mostrando que una enfermedad mental no merma, ni mucho menos, las capacidades de la persona que la padece.

En Huelva tenemos más de un ejemplo de ello. Para demostrarlo, hoy hemos querido acercarnos a la experiencia de un onubense, cuya historia merece la pena conocer. Su nombre es José Francisco Rivera Romualdo. La vida profesional de este onubense de 40 años comienza, como la de cualquier otro chaval, cuando acaba el instituto -en su caso, el antiguo COU- y decide marcharse a Sevilla a estudiar la Licenciatura de Física, después de haber hecho el Bachillerato por la opción científico-tecnológica.

Todo se desarrolló de forma completamente normal, hasta que un día, cuando cursaba tercero de carrera, sufrió un episodio psicótico que le llevó a deambular por las calles de Sevilla. Tenía entonces 24 años. Después de aquello, él mismo pidió voluntariamente ingresar en el Hospital Virgen del Rocío, porque hacía un tiempo que ya venía sintiéndose raro. Fue allí donde le diagnosticaron que tenía una enfermedad de salud mental.

«No fue nada fácil aceptarlo. Ni para mí, ni para mi familia. Al principio, me sentí un total incomprendido, porque ni yo mismo sabía qué estaba pasando. Yo había tenido una vida totalmente normal desde pequeño, por lo que no sabía qué le estaba pasando a mi mente. Lo único que había sentido es que unos meses antes de aquel episodio me había ido sintiendo un poco raro e, incluso, lo había comentado con mis amigos», nos dice José Francisco.

Sea como sea, lo que estaba claro es que su vida iba a dar un giro de 180 grados a partir de ese momento. Y así fue. En un principio, su ilusión era, después de hacer la licenciatura, continuar estudiando en Madrid una especialización de Física Teórica. Todo ello compaginándolo con su vida personal, de amigos y pareja.

Sus sueños se vieron truncados porque tuvo que venirse a Huelva. Su médico le aconsejó que se tomara un tiempo sabático para descansar, que dejara los estudios por el momento para reflexionar sobre su nueva situación. Pero este joven onubense tenía muchas inquietudes por aprender, así que «en el mes de septiembre me dije a mí mismo que tenía que hacer algo. Que no podía estar en casa sin hacer nada. Sobre todo, porque yo era una persona muy sociable y había dejado a muchos amigos en el ámbito universitario en Sevilla, así que cuando llegué a Huelva me encontré un poco descolocado y solo», nos explica.

Pensó entonces que lo mejor sería retomar los estudios. Se decidió por la carrera de Informática en la Universidad de Huelva, ya que le gustaban mucho los ordenadores desde pequeño, especialmente lo que era programar, tanto que había hecho un programa de las declinaciones del Latín. Además, había sacado Matrícula de Honor en Programación. No era la única vez que lo conseguía, porque también lo obtuvo en la asignatura de Física General en Sevilla.

Al principio le fue bien en Informática, pero cuando cursaba segundo curso decidió que era mejor dejarlo, fundamentalmente porque era muy duro ir todos los días hasta el campus de La Rábida, donde se encuentra esa facultad, cogiendo varios autobuses y trasbordos, teniendo que quedarse todo el día allí. Así que, aunque hizo algunos amigos, no se sintió muy cómodo y pensó que lo mejor era empezar a trabajar.

Echó currículos aquí y allá y comenzó a trabajar en Telepizza. Era su primer empleo y, realmente, le ayudó mucho en ese momento de su vida, cuando estaba pasando una etapa baja, a punto de coger una depresión por todo lo que le estaba sucediendo. Así que recuerda de forma especial aquel año que estuvo en esta conocida cadena de pizzas. Lo dejó cuando sintió que había llegado el momento de aspirar a algo más. De todas formas, ya entonces compaginaba este empleo con unas horas como profesor de clases particulares, fundamentalmente de Matemáticas, Física y Química.

Después entró en el sector de la hostelería, empleándose en dos bares de la zona de Fuentepiña, como sucedió con el bar Rocío. Como recuerda Rivera, «su dueño es una excelente persona. Estuve en el bar Rocío y, cuando acabó la temporada de verano, pasé al bar Parque de La Luz, en la plaza, donde estuve un tiempo. Hacía tantas cosas porque necesitaba tener cubierto mi tiempo, por eso trabajaba tanto». Incluso, se matriculó en un grado medio.

En esa etapa, a su familia le surgió la oportunidad de montar un negocio: coger el antiguo Tempo. Así que su madre y él se animaron a regentarlo. Corrían los años 2007 y 2008. Sin embargo, la empresa no fue como esperaban y lo cerraron. Fue cuando conoció la labor de la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental (Faisem), un encuentro que para él fue muy revelador, puesto que en aquel momento no tenía reconocida su discapacidad, aunque continuaba con sus revisiones y sus sesiones con su Psiquiatra. Para mí, «encontrarme con Faisem fue muy revelador, porque me ayudaron bastante. Me sentí un poco liberado al encontrar a gente que me apoyaba y comprendía en mi enfermedad. Hasta entonces, salvo mi madre, mi familia no lo aceptaba».

Entre otros beneficios, gracias a Faisem, José Francisco pudo hacer varios cursos subvencionados, hasta que hizo uno de comercio exterior y le llamaron de una gestoría. Dejó de estudiar, porque lo que él quería era trabajar para independizarse, sobre todo porque tenía pareja y su objetivo era convivir con ella. Y así se hicieron pareja de hecho. En la gestoría llevaba los papeles de la empresa.

Estaba contento, al ser un puesto de trabajo en el que sentía más desarrollado. Pero aquel empleo se terminó. Y también su relación.

Así que, como Rivera Romualdo es una persona muy activa, en los últimos años de su vida ha dedicado también mucho tiempo a la investigación. Una actividad que ha podido desarrollar especialmente porque desde hace un tiempo se encuentra bastante estabilizado de su enfermedad. Fue su padre quién le transmitió el amor hacia la Ciencia.

Ya cuando estaba en Sevilla le llamó mucho la atención un artículo sobre los grafos, un campo de estudio de las matemáticas y las ciencias de la computación. «Me gustó tanto el tema que me empecé a interesar para conocer un poco más sobre este ámbito sobre el que había muy poco o nada desarrollado, desde que se inició en el siglo XVIII. Así que empecé a estudiarlo, primero dibujando e intentando aprender de forma autodidacta. Lo estudié como objeto físico no matemático. Acumulé tanta información que escribí un libro, Tratado sobre grafos no planos, y lo registré en la propiedad intelectual».

Fue el primero de una serie de libros que ha escrito Rivera Romualdo, publicaciones que son fruto de sus investigaciones en temas como los grafos algebraicos y teóricos, creando incluso una página de comunidad en Facebook. Un trabajo que quiso que lo viera un profesor de la Universidad de Huelva, pero el tema no cuajó, así que continuó su investigación como hobby. Eso sí, le gustaría encontrarle una rentabilidad económica a su actividad investigadora, ya que ha conseguido varias revelaciones, como el haber hallado el grafo de menor número de aristas.

También ha realizado mapas de circuitos, autopistas aéreas sobre saturación del espacio aéreo…, un sinfín de temas, tanto que ya tiene registrados en la propiedad intelectual cinco o seis libros. Por este motivo, lo que le gustaría es que la gente conociera las investigaciones que está llevando a cabo. Con esta finalidad, ha escrito algunos artículos, no sólo sobre grafos, sino también de Lógica.

Con todo, José Francisco Rivera lanza un mensaje a la sociedad para que comprenda que el tener esta enfermedad no supone ninguna merma de las capacidades. Y su caso es un buen ejemplo de ello. Un mensaje que quiso transmitir hace unos días durante la presentación del documental realizado por Faisem titulado ‘Me gano la vida’, destinado, precisamente, a concienciar sobre la inserción laboral de personas con enfermedad mental, mostrando la realidad de este colectivo social a la hora de acceder a un empleo. Porque tener una vida normalizada con un puesto de trabajo es la mejor terapia para ellos.

Una idea que apoya este onubense que, con su caso, demuestra que su mente no sólo no presenta ninguna discapacidad, sino que hablamos de una mente maravillosa.

 

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